21 de abril de 2015

Arquitectura OVNI


Todos conocemos las múltiples teorías que dan vueltas por la web, viculando la obra arquitectónica de antiguas culturas con la visita de seres extraterrestres.
Escéptico por naturaleza, este verano me propuse viajar y comprobar sobre el terreno la existencia del legado alien en los andes peruanos; pasé los días recorriendo sitios arqueológicos y bares, y puedo decir que en ambos lugares se pueden hallar evidencias impresionantes. 
La prueba más cabal que encontré sobre la intervención alien es el clima: En medio del calor y la humedad del altiplano; a quién en su sano juicio podría ocurrírsele cargar una piedra de cientos de toneladas, arrastrarla durante kilómetros y después tallarle, a golpe de obsidiana, doce ángulos más o menos rectos (sí, doce) antes de utilizarla como ladrillo en la construcción de un templo? 
Evidentemente, solo a extraterrestres ociosos. Tal vez confundidos por efecto del jet-lag planetario.



Esta prueba viviente (??) del intercambio cultural es custodiada noche y día por Uriel; cusqueño, heredero del Tawantinsuyo, guardían del legado Inka, canciller terrícola y artista de variedades que, en esta imagen, utiliza sagradas hojas milenarias para comunicarse con sus arquitectos espirituales.




Y acá la piedra gigante tallada por mentes confusas; detrás de un rikshaw humano, medio de transporte local utilizado por los habitantes de la zona desde la época de la colonización alien.


9 de diciembre de 2014

Él sí


El backstage. Privadísimo gueto del espectáculo donde reina la oscuridad y las jerarquías se vuelven difusas; no se sabe quién manda y las órdenes  llegan en forma de fritura desde el otro lado de los Handys. Tenebroso reducto donde el color de las pulseritas es ley la única autoridad la  representan los plomos, borrosas figuras que se agazapan entre las negras cajas del equipo de sonido para comer milanesas o hablar por celular, y esporadicamente surcan corriendo las oscuras bambalinas con la visera calada y un rollo de cinta de embalar en la cintura.

La foto que me habían pedido era muy específica; ese tipo de foto perfecta que resume todos los caprichos del que puso la guita conceptos artísticos pero que en  general no puede hacerse; por que no dá la luz, o el ángulo es imposible, o porque no se puede interrumpir un recital con miles de personas y pedir al artista que salude a la cámara. 
En general estos encargos vienen de alguien que no sabe o no le importa, pero que tiene autoridad y se sienta en el escritorio del jefe.
Moneda corriente en la agenda del freelance, tuve la prudencia de guardarme todas estas opiniones y dije que sí con la cabeza mientras pensaba que tal vez, si me movía rápido, tenía suerte, y el binomio espacio-tiempo se doblaba aunque fuera un poco, la foto podría hacerse.



Obviamente el primer obstáculo fue el acceso, para el cual me habían garantizado que estaban vigentes todas las autorizaciones... En fín.

Trato de mostrarme confiado mientras espero en la fila de los que pretenden subir al escenario detrás de los artistas. Heterogéneo grupo de fans, productores, periodistas y fotógrafos, cuñados, ganadores de concursos, electricistas y sponsors. Todos con las mismas esperanzas y posibilidades, confiadamente dispuestos a sujetarnos a las arbitrariedades de la lotería que conocemos como "acreditación", a las leyes del azar, al ánimo de las remeras con la leyenda "TÉCNICA"
Pasan los músicos y algunas personas del entorno (panzas, sombreros norteños, escotes y tacos, alguna corbata), y enseguida la barrera de camisetas negras se cierra vedando para todos los demás la entrada al mágico mundo del "detrás de escena". Uno de los plomos niega con la cabeza; lenguaje no-verbal que parece querer decir que no podemos ingresar. Poder ejercido en su forma más básica y salvaje.

Enseguida una retahíla de quejas y excusas, donde cada uno de nosotros grita el nombre de la persona que nos dijo que podíamos pasar. Pero de nuevo el golem que, en su lengua, dice "nadie más". 

Inmediatemente las cuestiones técnicas que hasta hace pocos minutos me precupaban (escala de ISO, trepidaciones, colorimetría) dejan lugar a desafíos mucho más primitivos del tipo empujar-o-no-empujar, saltar-una-valla amparado por las sombras, crear-el-caos-o-renunciar, descifrar algún sentido en la tenebrosa jerarquía del stuff para identificar a alguien-que-pueda-garantizar-el-full-access y así.

Cuando todos los análisis me estaban acercando a la idea de abandonar la fotografía a cambio de una profesión mas saludable, sentí una manota que me empujaba desde la espalda. Detrás de mi, una voz con olor a vino acento chaqueño -tal vez haciendo caso a las pulseritas de colores que yo tenía en la muñeca- tronó: Él sí
Conjurado el hechizo que me permitió acceder y volver a preocuparme de los asuntos fotográficos, me arrojé a la batalla lumínica propiamente dicha, agradecido por saber que viviría al menos un día más en la arena del freelance.

10 de agosto de 2014

Out of time

¿Todo tiempo pasado fue mejor?
No podemos saberlo, pero hace cincuenta años un negro que estaba ciego cantaba you are my sunshine. Hoy, Agapornis.
En fin, para los nostálgicos de la palanca al volante, los zapatos con plataforma y el napalm, comparto una foto que encontré ordenando el cajón: 




La historia de esta imagen es bastante singular, y en este mismo momento me propongo aburrirlos con sus detalles:
Un amigo músico y yo habíamos quedamos para reunirnos en el bar de moda; las apretadas agendas que ambos llevábamos nos impedían vernos todo lo que quisiéramos, pero el "Concurso Anual de Burbujas de Jabón de la  Lechería de Moe" era a todas luces un evento que prometía. 
Yo estrenaba mi nueva cámara fotográfica; un dispositivo automático que imprimía las fotos en forma instantánea. Deslumbrado por la magia voodoo tecnología de punta que la hacía funcionar, la caja oscura me acompañaba en todas mis aventuras.

Mi buen amigo el Rey
Previsiblemente, pedimos una ronda de malteadas; y grande sorpresa tuvimos cuando la rubia camarera se dejó caer encima de la mesa vestida de satén.
Si bien ya ranqueaba en los primeros lugares del pay per view por sus ardientes aventuras con diez o doce figuras del cine y la política, aún no era la Marilyn inmortal que todos conocemos, recordada orgullosamente como la estrella que dormía desnuda. Mientras aguardaba la llegada de la fama y las persecuciones de la CIA, hacía algunos pinitos sirviendo hamburguesas en la barra de Moe´s.

Reconocerán ustedes que era un encuentro apasionante, y pensé que también sería una buena oportunidad para lucirme, fotográficamente hablando, así que propuse que diéramos unas vueltas en el cadillac del rey.
La blonda, de natural distraída y olvidadiza (sus detractores la tildaban de infradotada), confundió a Elvis con su medio hermano negro. Lo miró de costado y ronroneó: "hit the road, Jack!".