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20 de enero de 2021

Primero la música

Hace unos años le pedí ayuda para hacer una edición más o menos decente, y el artista antes conocido como @tatoaraoz me dio la clave perfecta para compensar mi torpeza audiovisual: “primero la música”. 

Con esa premisa en mente buscaba inspiración para un retrato de Filomena, y  me encontré con Daniel Barenboim haciendo este temita Beethoven.

El resto son imágenes random del paso de la tormenta por Aragón, y un poco de nostalgia por los eneros calurosos.

Love!


Filomena from Bruno Bertagna on Vimeo.


 P.S. Acá abajo un poco del BTS que hizo @libres.salvajes!!!


30 de mayo de 2020

Una foto de navidad

Editando el archivo encontré esta foto que hicimos con mi querido Dino en la épocas de brindis, y que es parte de un proyecto en el que estuvimos trabajando (él, yo, su hijo Santi, y un montón de gente que me dio el gusto de sumarse), para tratar de hacer un retrato sobre la familia.


Se había quedado afuera de la edición por una cuestión táctica (me la olvidé…) pero ahora que pude rescatarla del archivo, va a ir a parar a la web, al rutilante cielo de las imágenes publicadas.

“La única certeza” es un proyecto en desarrollo al que se van a ir sumando historias y personas y que va a evolucionar en función de eso. Por ahora voy subiendo a la web lo que está listo para compartir, y me parece que sirve para dar una idea de lo que va el asunto.
Gracias miles a toda la gente que se animó a participar!! Love!!!

26 de marzo de 2020

The virus diaries

Los primeros días que pasamos en cuarentena fueron una aventura. Parecíamos compartir, quienes nos arriesgábamos a la calle, la sensación de estar de excursión en algún territorio exótico. 
Los barbijos como souvenirs, eran a un tiempo la señal que identificaba a quienes "eran parte de algo" aunque  algunos de los que lo llevaban puesto se lo quitaban al llegar a zonas concurridas (!!!). 
Al volver de estas modestas excursiones, los compañeros de piso nos compartíamos el parte diario: 
-hay poca gente, mucha gente, está cerrado  abierto tal o cual negocio, hay policía en tal o cual esquina... etc.
A marchas forzadas se imprimían remeras de "yo sobreviví al Covid-19". La sensación general parecía ser la de  estar siendo testigos del acontecimiento histórico que nos tocaba vivir. 





En pocos días el clima en Barcelona cambió. El viento y las nubes de tormenta acompañaban una sombría sensación general. En el poco tiempo que llevaba la emergencia, entendimos q era de verdad; que este virus existía realmente y no era un invento de los medios y había que cuidarse; la gente se moría. Acá y en otras partes del mundo, se moría. En la calle ahora se precibía  la sorpresa, y la ansiedad. Y el miedo. Ahora todos nos cuidábamos, al tiempo que desconfiábamos de la poca gente al rededor; todos, potencialmente, somos portadores del virus de la muerte. Pasaba esto:





Hoy cumplimos más de diez días en cuarentena. Es decir, saliendo de casa solo por cuestiones inaplazables (comprar comida o medicamentos, cumplir con su trabajo los empleados de salud y seguridad, pasear al caniche, etc.) La gente sigue muriendo y de alguna manera empezamos a entender el mensaje; #quedarnosencasa. Quedarse en casa para tratar de ayudar. Tener paciencia. Adaptarse. 
El foco periodístico ahora parece estar puesto, no en los contagiados de Covid-19, sino en los burgueses padecimientos de quienes no tenemos permitido abandonar el sofá. El mayor peligro, sino el desabastecimiento, es aburrirse. 

Hice esta foto. Desde la ventana, claro. Porque también #yomequedoencasa.





9 de octubre de 2019

A no perder la fé

Hace algunos años, cuando freelanceaba para un diario de importante tirada nacional, me tocó salir a cubrir una toma de rehenes en algún lugar del sur de GBA profundo, en fábrica, supermercado o recinto cuyo nombre no recuerdo ni supe en su momento. 

Pasé la tarde entera merodeando la zona bajo un sol de justicia, contando anécdotas y comparando equipo fotográfico con mis acalorados colegas,  esperando a que pasara algo (cualquier cosa) que finalmente no pasó.


Después de largas horas de negociación, volví de Burzaco con sed, una insolación y la única foto de un policía encapuchado que me miraba con odio -además de calor. Cuando viajaba (en tren y subte) a la redacción, para descargar las fotos, sentarme un rato, tomar agua, recibí una llamada el editor del diario:
-Parece que hubo un tiroteo en el centro. Porqué no vas a ver que hay? 

Eran mis primeras notas en el diario y no quería fallar, asi que fui. Ya era de noche cuando llegué al lugar; me encontré con más policías, un cuerpo tapado con una bolsa de nylon y varios casquillos de bala. 
Hice lo que pude con la poca luz que había, exprimiendo al máximo el flash y la sensibilidad de la cámara para tratar de hacer alguna imagen. 

Después de un rato conseguí dos o tres fotos más o menos buenas. O más o menos decentes. O que me parecieron decentes en ese momento...






Al día siguiente salí temprano y compré el diario con ilusión (era la época en que el diario se imprimía, y se compraba en los kioscos) pero descubrí que por alguna indescifrable decisión editorial, de todo lo que había hecho aquel día solo se publicó esto:
Después de aprendida la incierta, ingrata lección de aquella jornada de calor, me dió por pensar que una de las fotos que había hecho aquel día (la que ilustra este post) estaba bien. Asi que la imprimí y la usé durante mucho tiempo (y con moderado éxito) en mi portfolio de aquella época. 
Hoy la foto está en desuso y casi olvidada por mí, pero recuerdo aquel episodio como un alegre acto de resiliencia editorial. 

21 de enero de 2019

Jubiladas

Acá hay dos que se escaparon a la reforma previsional: Compañeras de mil aventuras que se bancaron piedra; barro y lluvia; el asfalto caliente de la ruta; arena de vez en cuando y frío un montón de veces.  Y me cuidaron siempre.
Ahora descansan porque se lo ganaron. Capaz las vean algún domingo medio temprano yendo a comprar, o tiradas en el pasto un día que esté lindo. Pero de correr, nada. 
Gracias por el aguante y la compañía, bellezas!



Esta imagen es parte de una serie -autorreferencial y confusa- que tiene un capítulo acá, y otro acá, más algunas fotos que tengo hechas y me falta subir. La idea era buscar una alternativa al retrato para un proyecto nuevo en el que estoy laburando, y de paso aprender a iluminar (es re difícil. Si alguien sabe profa que me diga!)

21 de septiembre de 2018

El final del camino


Estas fotos son del año 2009. Los pibes que-cantan-con-la-cara-pintada la rompían en el estadio de River y yo daba mis primeros, torpes pasos en el mundo de la fotografía de prensa. 
Con un par de compañeros del rubro nos batíamos a codazos, apretujados en una fosa hotter than hell delante del escenario, tratando de meter alguna foto decente.
La estrategía? Sensibilidad al máximo y el 70-200 apoyado en el hombro del que estaba adelante. Después ráfaga a lo que dé y Rock and Roll all nite (en realidad solo tres temas.... pero tres temas históricos para mí!). Una noche nostálgica que recuerdo con una sonrisa y que comparto hoy, que la banda de Paul Stanley anuncia un retiro definitivo.  




20 de julio de 2018

Lo atamos con alambre

Recurso por antonomasia en la Argentina de la exigüidad, atarlo con alambre -o pegarlo con cinta- es también la mejor estrategia para afrontar las dificultades técnicas de la fotografía on-location.
Y es exactamente lo que hicimos para esta toma improvisada de @paripurna_yoga; una luz, un pantalla 5 en 1 para rebotarla y una silla para sostenerla; demostrando así que para hacer una foto de esas que ganas premios, se necesita poco más que una modelo hermosa y una toalla limpia para colgar de fondo.




Comparto también la foto terminada. Porque una cosa es el humor y otra la reputación artística del autor. 





Las fotos con la Canon 5D mkIII y un Samsung Galaxy S7

6 de marzo de 2018

El hombre y la máquina

Con el team diseño volvimos a la planta de Honda Argentina en Campana con la idea de hacer imágenes para una publicación. 
El objetivo era generar "algunas fotos buenas" (piel de gallina cuando me presionan así!) de una nueva tecnología que los japoneses están aplicando a las líneas de montaje.
Nos prometían que -tras una larga jornada de zapatos de seguridad y guardapolvos antiflama-, conoceríamos un nuevo dispositivo, modernísima tecnología disruptiva aplicada a la industria automotriz. Parece ser que la gente de Honda tenía, oculta bajo un impronunciable nombre japonés, una máquina que se movía sola.
Ver para creer, hacia allá fuimos. Más cargados de trípodes que de ilusiones.

Llegar a la planta. Aprenderse el protocolo de seguridad. Conseguir protección ocular. Caminar algunos kilómetros entre chispas y ruido ensordecedor. Llegar hasta la máquina que se mueve sola (nombre japonés acá).
-Es está, sí. Pero no anda.
-...
-Hoy estamos haciendo unas pruebas así que la movemos a mano.


Dedicarse a la fotografía es, un poco, abrazar la desilusión. 
Curtido en los desafíos de esta estimulante profesión, no digo nada y seteo mis flashes para lanzarme a la tarea de que "parezca" que se mueve sola (la fotografía y el teatro son a veces lo mismo).

Esto tampoco fue magia, sino photoshop.



26 de febrero de 2018

"Wear good shoes"

Es el consejo de los fotógrafos de Magnum. De lo más útil que puedo compartir para los que navegamos las tormentosas aguas de la fotografía. 

Y acá hago un pequeño aporte homenajeando a estas linduras. Porque cuando te gusta meterte al barro, necesitás estar bien acompañado. Les debo todo, amigas!!!





17 de octubre de 2017

Roban pero hacen


Anestésico mantra que durante décadas nos mantuvo a salvo del estallido, el "roban pero hacen" parece haber sido dejado de lado por sus propios beneficiarios. Una vez desmoronado este frágil acuerdo social ya no parece haber tiempo para hacer; solo queda robar. La salomónica salida de hacer con la mano y robar con el codo ya no tiene sentido; el codo les queda chico. En la implacable carrera para robarse todo hay que usar las dos manos, y no puede hacerse nada más. El precario equilibro, destruido.

Intérpretes de la opinión pública aseguran que lo que "la gente" pedía era que se hiciera. Que hagan algo; ver que se hace; elegir seguir haciendo y todo así. El reclamo, finalmente, parecía válido:
-Por lo menos, que hagan! 
-Hagamos, entonces. O que parezca que hacemos. 

Pero ya ni siquiera esa farsa parece posible. Hoy no hay tiempo para la simulación. Solo queda robar y hay que usar las dos manos. Y los codos. 
Alguno quería hacer (lo había prometido, le parecía mejor, le daba vergüenza) pero no le quedaba tiempo ni energía. Robar parece ser un trabajo en sí mismo; no es solo alargar la mano para tomar lo ajeno; sacar de un bolsillo y poner en otro; quitarle a los ricos -y a los pobres- para quedárselo uno; meter la mano en la lata. También hay que repartir, negociar, esconder y mentir. Sobornar. Rajarse o lavar, según las circunstancias. Es demandante. Y cuando llega la hora de hacer -después del trabajo o los domingos-, ya no hay ganas. Ni tiempo. 

La única verdad, decían, es la realidad:









Todas las imágenes tomadas en la provincia de Buenos Aires, en el área de CABA y GBA, entre los años 2009 y 2017. Cámara en mano. Sin trípode, ni flash, ni esperanza.

11 de julio de 2017

La proporción Áurea

Martes al mediodía en el ISEHG. Clase de primer año en la carrera de "Profesional Gastronómico" a cargo de Pancho Fernandez. Una veintena de alumnos se afana durante dos horas para esculpir una Papa williams y darle al Bife de chorizo en Croûte un aire afrancesado.
Cuando el puré de ajo está en su punto, los platos salen del horno y van a la mesa de operaciones. Ante las aterrorizadas miradas de los aspirantes, el marcial Pancho les pasa revista uno por uno. Enseguida, un valiente de cada grupo es el encargado de "explicar" el plato y la forma en que lo hicieron. Hay nervios. También pasión, alegría, risas.
Me alejo unos pasos para que encuadrar la escena con el 85 mm. y le hago un gesto al profe para que se mueva un paso al costado. Después solo tengo que apretar el obturador. 
Salió esta foto:



Se confirma entonces el postulado de que para conseguir una buena imagen, lo más importante es tener suerte.
Por supuesto que ayuda aprenderse las leyes de la Gestalt y llevar las baterías cargadas, pero una vez cumplidas estas formalidades, lo que más garpa es tener los dedos cruzados.

30 de mayo de 2016

Cuando te toca, te toca

-Che, y vos qué hacés?
 -Soy fotógrafo
-Fotógrafo!? Uh qué bueno che, qué copado!!
 -Seee...
Seee; distraídamente, dando a entender no sé qué clase de rutina Rockstar, cuando la realidad es que muchas veces tus reventones se parecen un poco a esto:

Escuela primaria número 23 (EP23 de San Martín). Acto conmemorativo por el 25 de mayo (fecha histórica que recuerda la instauración del feriado puente). El Himno, la profe de música, los criollitos y las mazamorreras pintadas con corcho. Autoridades escolares aprovechan la efemérides para inaugurar un aula recién construida. La recorren junto con "la prensa".
La verdad hay que decirla; es un aula hermosa. Y el hecho de inaugurarla, un orgullo que puede despertar todo tipo de reflexiones sobre el futuro de la educación en general y de estos alumnitos en particular  que harían llorar a padres, señoritas maestras, autoridades municipales, representantes del consejo escolar, y así...
Sin embargo, "cubrirlo", fotográficamente hablando, también implica tomar una foto del aula. Así, a secas. 
Liberado entonces de los problemas lumínicos, los cálculos D.O.F, las limitaciones del ISO, el desafío de la regla de los tercios y las falencias del sistema AL-servo, el fotógrafo se inspira y solamente se dedica a crear.
Publico la foto acá, para que todas las madres la tengan a mano y se la espeten en la cara a los niños que se atrevan a decir que quieren estudiar fotografía.


Dejando de lado el cinismo profesional, la fotografía tiene a veces otro matiz; El lindo. Subo una foto de ésas, para paliar un poco la angustia existencial:

26 de mayo de 2016

So you think you can Drone


Junto con el equipo de Mundo San Martín, tuvimos la suerte de visitar el famoso gasómetro de General Paz y Constituyentes. Alguna vez una laguna, después garrafa para 150.000 metros cúbicos de gas y hoy propaganda de desodorante; la mole brutalista es visible desde kilómetros de distancia y sirve como punto de referencia para los viajantes suburbanos. 
Calentando las estufas de San Martín desde el año ´49, el hoy jubilado tanque sirve también de estacionamiento. La historia completa, acá.

Amanece y, 350 escalones más tarde, nos encontramos en medio de una brumosa mañana porteña, sincronizando sonido y tratando de hacer despegar a la bestia a pesar del viento. Como  el peligro de perder los dedos en esta maniobra es 100% real, agarro mi canon y me dedico al backstage. 
Si bien todos los miembros de la cordada dieron lo mejor de sí para el ascenso, las palmas son para David de Mundodron, que cargó con 15 kg de equipo hasta la cumbre (20 metros más alta que el porteñísimo Obelisco), batalló contra el aire delgado de la contaminada ionósfera suburbana y el escaso tiempo del escurridizo Mario, mientras soportaba estoicamente los histéricos arranques del equipo de producción. 
Lo aplaudo a la distancia, modesto homenaje a un anónimo héroe de la cultura audiovisual.






Gracias totales al anfitrión, Jorge Oviedo.... gasista y guardián de la torre. Lo iluminamos mal a propósito, resentidos porque no funcionaba el ascensor.





22 de abril de 2016

TAXI

En un nuevo capítulo de la saga rioplatense, la lucha por la supervivencia se recrudece sumergiéndonos una pulgada más en el barro de la barbarie; los reportes hablan de choferes de Taxis cortando orejas a choferes de Uber. 
Leo en el diario una crónica salvaje; taxistas usan la propia aplicación para rastrear a los ubertos. Valiéndose de la información de perfil que se brinda (inteligencia colectiva de una especie que se adapta), identifican chofer y vehículo. Cuando están seguros (o casi) lo rodean. Golpean el auto, lo rayan con clavos, rompen vidrios. El chofer es bajado de los pelos ante la horrorizada mirada de una pasajera que viajaba camuflada en el asiento delantero. Cuando la policía finalmente lo rescata, los taxistas estaban a punto de arrancarle el corazón para ofrendarlo a su dios. En fin... Agradezcamos, porque nos es dado avistar el infierno con anticipación.

Valiéndome ahora de la vigencia del tema, atraigo inversores a mi blog publicando una foto de hace seis años:
Hacía mis primeras armas en la "reportería gráfica" (para los lectores de Centroamérica), recorriendo la ciudad en busca de una noticia que cubrir, cuando el negroGonzalezOro me alertó por radio sobre un movimiento inusual en el ocaso porteño; Taxis con sus jinetes se congregaban en las inmediaciones del obelisco para comer en Güerrín y celebrar alguna clase de ceremonia pagana. 
Llegado al lugar después de sortear el tránsito de la hora pico, me enfrento básicamente a dos grandes dificultades; la falta de luz del crepúsculo invernal, una prueba difícil para el sensor de mi 40D. Y la manifiesta hostilidad de algunos caciques taxistas que, vociferando en su lengua, tratan de impedir el accionar de la prensa al tiempo que lanzan toda clase de amenazas.

Esta es la mejor foto que pude hacer:

Los puristas podrán argumentar que "corté" el obelisco. Y tienen razón... A pesar de eso, la foto salió publicada en la tapa del diario La Prensa.
Y fue no solamente motivo de alegría personal, sino también puntapié inicial de una feliz etapa de colaboraciones en el diario más antiguo de la Argentina; puerta de entrada al siempre excitante mundo del fotoperiodismo.

11 de enero de 2016

La clave del éxito

Algunos de ustedes recordarán la repercusión que tuvo esta foto, las dudas que se plantearon sobre su veracidad, y el revuelo que generó entre en la comunidad periodística local. Antes que nada, para los que se imaginan una catarata de premios y reconocimientos varios inmediata a su publicación, lamento decir que el único reconocimiento recibido fue una sutil inclinación de cabeza de mi gélido editor, acompañada por el siguiente comentario: "al fin la pegás, muerto". Leyendo entre líneas, entendí que la foto gustó, y de paso fue elegida para ilustrar la nota;  en resumen, que el trabajo estaba bien y pudimos pasar a lo siguiente.
Meses después volví a enfrentarme al mismo desafío profesional; tratar de hacer una foto más o menos decente cuándo la luz es igual a cero, hay tanta gente alrededor que no podés caminar, los que están en el escenario se mueven todo el tiempo, alrededor hay una guerra de camarógrafos que dejan la vida por poner todos los trípodes en el mismo lugar, hace dos horas que estás parado y además tenés frío (bienvenidos a la paltipante rutina del fotoperiodista).
Silenciosamente abandoné mi puesto en la linea (la horrible posición desde la se suponía tenía que trabajar) para aventurarme un poco más allá, o más bien un poco más acá, mezclándome entre la gente que participaba del acto; (un sentido homenaje-recordatorio a las víctimas de la masacre de José León Suarez). 
De lejos, cobardemente --lo admito-- pude hacer esta foto; 

Visto a la distancia, tengo ahora que preguntarme si es éticamente correcto repetirse a uno mismo en pos de la efectividad. Hacer directamente la foto para cumplir....
Sabía que esa foto podía servir. También que podía servir ésta....
Y ésta


Estas dos, lo mismo 

Y así... Delgada es la linea entre la búsqueda creativa y el comportamiento adquirido. Pido perdón si me equivoco, dejen que la historia me juzgue. 





15 de diciembre de 2015

Caras conocidas. (Una sortija para Lino)

Cuatro años atrás el gobierno de turno inauguraba Tecnópolis. Feria temática, museo a cielo abierto, templo a la ciencia y la tecnología, aventura del conocimiento, parque de diversiones, espacio para la memoriaverdadyjusticia, paseo de los enamorados, colonia de vacaciones, órgano de propaganda y así (había que amortizarlo).
En medio del fervor debutante, y mientras la prensa esperaba la llegada de la presidenta (la esperamos durante dos días), el ministro de Ciencia, Tecnología e innovación productiva, José Lino Salvador Barañao, entretuvo a la audiencia con un sketch chachachista, manteniendo una entrevista en vivo con el androide de Philip Dick.



Captar esta fotografía fue muy simple desde el aspecto técnico (apretar el botón negro y ya), pero representó una enorme complejidad táctica, y mientras luchaba para conseguirla me alegré de las horas que pasé estudiando a fondo los volúmenes de memorias de Frank Hurley.
Mientras el ministro se desplazaba por la muestra (Feria temática, museo a cielo abierto, templo a la ciencia y la tecnología, y blá) con movimientos aleatorios, el desafío consistía en navegar entre la gente en medio del calor, batallando (literalmente) con la horda de periodistas que lo escoltaba, caminando de espaldas tratando de no tropezar con nada muy caro, y todo sin perder de vista el encuadre, respetando la regla de los tercios y la secuencia de Fibonacci en el visor.


Acá, el mar de gente.
















Cuando ya estaba a punto de perder la fé en la fotografía como medio para contar la realidad, la resaca humana me depositó, sin esperarlo siquiera, delante de la pecera en la que el desopilante ministro, micrófono en mano, se entrevistaba con el T1000 de los muchachos de Hanson Robotics. El resto fue talento, ojo fotográfico y poner la cámara en ráfaga... 



Esta efemérides viene a cuento ahora, cuando el incombustible ministro fue convocado por el nuevo gobierno para permanecer en su cargo. En un país de lealtades, revanchismo y plumeros, trascender una gestión a fuerza de mérito es un highlight en cualquier currículum.

9 de diciembre de 2014

Él sí


El backstage. Privadísimo gueto del espectáculo donde reina la oscuridad y las jerarquías se vuelven difusas; no se sabe quién manda y las órdenes  llegan en forma de fritura desde el otro lado de los Handys. Tenebroso reducto donde el color de las pulseritas es ley la única autoridad la  representan los plomos, borrosas figuras que se agazapan entre las negras cajas del equipo de sonido para comer milanesas o hablar por celular, y esporadicamente surcan corriendo las oscuras bambalinas con la visera calada y un rollo de cinta de embalar en la cintura.

La foto que me habían pedido era muy específica; ese tipo de foto perfecta que resume todos los caprichos del que puso la guita conceptos artísticos pero que en  general no puede hacerse; por que no dá la luz, o el ángulo es imposible, o porque no se puede interrumpir un recital con miles de personas y pedir al artista que salude a la cámara. 
En general estos encargos vienen de alguien que no sabe o no le importa, pero que tiene autoridad y se sienta en el escritorio del jefe.
Moneda corriente en la agenda del freelance, tuve la prudencia de guardarme todas estas opiniones y dije que sí con la cabeza mientras pensaba que tal vez, si me movía rápido, tenía suerte, y el binomio espacio-tiempo se doblaba aunque fuera un poco, la foto podría hacerse.



Obviamente el primer obstáculo fue el acceso, para el cual me habían garantizado que estaban vigentes todas las autorizaciones... En fín.

Trato de mostrarme confiado mientras espero en la fila de los que pretenden subir al escenario detrás de los artistas. Heterogéneo grupo de fans, productores, periodistas y fotógrafos, cuñados, ganadores de concursos, electricistas y sponsors. Todos con las mismas esperanzas y posibilidades, confiadamente dispuestos a sujetarnos a las arbitrariedades de la lotería que conocemos como "acreditación", a las leyes del azar, al ánimo de las remeras con la leyenda "TÉCNICA"
Pasan los músicos y algunas personas del entorno (panzas, sombreros norteños, escotes y tacos, alguna corbata), y enseguida la barrera de camisetas negras se cierra vedando para todos los demás la entrada al mágico mundo del "detrás de escena". Uno de los plomos niega con la cabeza; lenguaje no-verbal que parece querer decir que no podemos ingresar. Poder ejercido en su forma más básica y salvaje.

Enseguida una retahíla de quejas y excusas, donde cada uno de nosotros grita el nombre de la persona que nos dijo que podíamos pasar. Pero de nuevo el golem que, en su lengua, dice "nadie más". 

Inmediatemente las cuestiones técnicas que hasta hace pocos minutos me precupaban (escala de ISO, trepidaciones, colorimetría) dejan lugar a desafíos mucho más primitivos del tipo empujar-o-no-empujar, saltar-una-valla amparado por las sombras, crear-el-caos-o-renunciar, descifrar algún sentido en la tenebrosa jerarquía del stuff para identificar a alguien-que-pueda-garantizar-el-full-access y así.

Cuando todos los análisis me estaban acercando a la idea de abandonar la fotografía a cambio de una profesión mas saludable, sentí una manota que me empujaba desde la espalda. Detrás de mi, una voz con olor a vino acento chaqueño -tal vez haciendo caso a las pulseritas de colores que yo tenía en la muñeca- tronó: Él sí
Conjurado el hechizo que me permitió acceder y volver a preocuparme de los asuntos fotográficos, me arrojé a la batalla lumínica propiamente dicha, agradecido por saber que viviría al menos un día más en la arena del freelance.

11 de mayo de 2014

Otra de museos

Los más fieles seguidores de este blog recordarán las desopilantes aventuras relatadas en este capítulo. Esta vez les traigo la crónica de otro recorrido fotográfico/cultural que podría titularse Breve excursión al museo de La Plata.
  Este museo funciona en un edificio centenario de características neoclásicas, en el barrio platense conocido como “del bosque” y tiene, como la mayoría de los museos, gigantescas salas con distintas colecciones de objetos que los visitantes pueden recorrer a sus anchas, más o menos sorprendidos y más o menos boquiabiertos. Además de esto hay en el museo una cafetería, una galería con columnas alrededor de un busto del perito Francisco Pascacio Moreno y una tienda de recuerdos.

8 de abril de 2014

Barro y dengue


Con efectivo en mano se pueden conseguir cualquier otra cosa, pero barro y dengue están al alcance de cualquiera y gratis; hay para todos y todas.
El escenario es post-apocaliptico (aunque se juega futbol); un mad-max de barro donde se disputa a golpes de puño y tiros la propiedad de un terreno o de un pedazo de nylon.  
Una embarazada bajo un choza de diseño tailandés.
Baños químicos.
Una suerte de rickshaw bengalí transportando materiales de construcción.
La caja de un televisor que vino de Taiwan para servir de almohada.
Un mandala japonés decorando la sala de estar de una futura vivienda digna.
(la estética oriental predomina.)


Hace unos años saltó al tapete un problema habitacional. Saltó al tapete quiere decir que nos dimos cuenta los porteños; y los medios que habitualmente nos bombardeabann con noticias como la muerte de un diseñador o el restó francés que suma una estrella michelín corrieron (literalmente) a cubrir la noticia, enviando intrépidos fotógrafos que no tenían miedo de acostarse en la mugre para tener la foto de un nenito con mocos, y veteranos periodistas curtidos en la guerra del golfo y el yoma-gate, que nos explicaron el drama de vivir en la villa y que cuando te pegan un tiro no llegue la ambulancia.

Yo, que no conozco Kuwait, pasé la tarde en una de las bolsas-carpa primero, y después en una casa de la villa 20 donde tres generaciones de una familia compartían la habitación con dos perros y una heladera. 
La mecánica del trabajo periodístico en la zona era deambular por los altos de la avenida Escalada, entre los móviles de televisión y los carros hidrantes, tratando de recabar información (y escribir la nota) sin tener que bajarse del asfalto. Pero como este privilegio es inviable para los fotógrafos, que por eso calzamos siempre zapatillas del tipo 4x4, me adentro en los humedales del indoamericano seguido de mi entusiasta compañero cronista. 
Quienes tengan una biblia junto a la pc podrán descifrar cuál es el mensaje que nos envió dios en forma de tormenta eléctrica, con vientos huracanados y aterradores truenos. Apocalipsis desatado mientras sorteabamos escombros, pañales y remeras de Arsenal, tratando de representar la escena en imágenes y palabras.
Seres humanos y perros corren en todas direcciones buscando refugio. Los lugareños se protegen de la lluvia con cualquier objeto al alcance de la mano (imagen dantesca que prefiero no recordar). Un baño químico levanta vuelo.
 No hay ángeles, pero los gendarmes con sus palos de amansar le dan a la escena el toque bíblico que le falta.
Cuando la lluvia empieza a humedecer nuestros equipos decidimos acampar en un refugio hecho de caña y bolsas de basura. Proseguimos nuestras indagaciones en la intimidad del recinto entrevistando a la pareja que lo ocupa, un poco por vocación y otro poco por proximidad. Y nos enteramos de que el caos de las últimas horas se resume a familias del tipo nueve-en-una-habitación luchando contra familias del tipo dos-viviendo-bajo-una-bolsa-de-plástico.  





La cosa es que después vinieron las fiestas, los heridos por pirotecnia y la temporada en Carlos Paz, y la atención del público fue captada por los reyes magos, las colas reef y el torneo de verano.
Cronistas y porteños nos olvidamos de las alturas de Megido y de preocuparnos por al crisis habitacional, los derechos humanos y el proyecto de país. 
El terreno siguió tomado y sucio, la gente pobre y bruta, la sociedad abúlica y los medios imbéciles. La justicia inerte y el gobierno robando.

Esto nos dio la posibilidad de, pasados tres años, volver a des-cubrir el Indoamericano, enviando a los mismos los veteranos (esta vez con un poco menos de ganas) a hacer la misma foto-del-moco-colgando, entrevistar a los mismos referentes-barriales-con-panza y adentrarse en las mismas profundidades de los barrios-carenciados-donde-no-llegan-los-servicios-básicos-ni-se-cumple-la-convención-de-ginebra, haciendo un circo más o menos parecido cuando llegan el juez y el fiscal y alguien les explica que todos son gente que quiere vivir dignamente o  que son bandas narco que toman terrenos en connivencia (palabra importada de las arenas kuwaitíes) con la policía. 


En fin, que para conmemorar la toma de años atrás, en homenaje a la toma de este año, y como una oda al olvido mediático de cada día, publico estas fotos, humilde testimonio con aires pictóricos, triste recordatorio de la deuda venidera.
























   

12 de noviembre de 2013

Ballotage

-Lo tenés? Lo tenés?
No lo tenía. 

La persona a la que debía fotografiar estaba en el escenario, sí, pero en el fondo; detrás de dos o tres filas de personajes que saludaban y sonreían a las cámaras; en la zona marginal donde no llega el calor de las lámparas dicroicas; cerca de los cortinados que absorben la luz (oh, voraz terciopelo); moviéndose furtivamente en la zona zero (limínicamente hablando); muy lejos de los 3200 ISO, de los teles con estabilizador, del monopié. Inalcanzable.
-Bueno, seguilo.

Lo seguí: de un lado para el otro arriba del escenario, al costado de la tarima, antes de la lluvia de papelitos, después de los abrazos, bajando la escalera, entre la marea de gente abrazadora, en la fila de militantes, al costadito de la cortina. Después de eso desapareció y ya no hubo a dónde seguirlo ni como tenerlo. Y nos fuimos con las manos vacías. 

Nuestra misión había comenzado horas antes: en el calor, manejamos hasta Pacheco; buscamos estacionar en el caos de un acto peronista (para los extranjeros, acá); nos acreditamos; en el calor, escalamos la tarima destinada a la prensa y ahí esperamos cerca de tres horas mientras nos turnábamos ir al baño o a comer medialunas.
Pero después de todo ese esfuerzo llegó la época oscura, y cuando el evento terminó, consumido en un ardiente ocaso de papel picado y choripán, yo no tenía nada. Ninguna foto que se pareciera a lo que habíamos ido a buscar. Anochecía, y cuando caminábamos hasta el auto, derrotados y cabizbajos, el único consuelo fue que éramos los últimos en salir.
Pasaron los meses y el candidato que mejor medía en las encuestas pegó el batacazo, y todo fue risas en el búnker de la rivera.
Allá fuimos, cargados de trípodes e ilusiones, con el objetivo claro de mejorar el rendimiento que habíamos tenido en el último conciliábulo partidario. 
Otra vez el calor. Y tener que estacionar y acreditarse y plantar las cámaras en medio del fervor militante. Esta vez más gente, más prensa y más expectativa; recuento de votos que serán bancas, y banderas partidarias por doquier. 
Arranca la música. Aplausos, discurso motivador y arenga militante. Agradecimientos. Lluvia de papelitos y el acto que se termina.
Mientras tanto "el nuestro" arriba del escenario, pero atrás. Parece repetirse la pesadilla fotográfica, y la pregunta incisiva que pone de manifiesto la impaciencia del jefe nos hiela la sangre:
-Lo tenés?
No lo tenía. No se podía tenerlo.
-Bueno, vamos.
Y otra vez la decepción. Alrededor se desmontaban los trípodes, estandartes guerreros de la batalla mediática de  cada día. Hasta me pareció ver, de reojo, alguien que ya barría el piso, preparando el predio para el evento de mañana. 
Y cuando ya todo parecía perdido, me parece ver la luz, allá sobre el escenario.
-A ver... Pará un poco.
-Dale, vamos. 
-Pará. Pará que tengo una foto.

Corriendo un albur técnico, con el monopié al máximo y la tensión en las puntas de los pies, la cámara sostenida con la firmeza de gelatina y apuntando a la ventana que parece abrirse entre las banderas del partido:





Salió esta foto. 
La usamos nosotros, para la página y para el twitter. La pusimos en el banner. También la eligieron en el diario, para la tapa. Es cierto que era la única imagen que teníamos. Pero tuvieron que reconocer que también era una buena foto.